
http://www.rtve.es/noticias/20080604/como-hemos-cambiado/75930.shtml
Lorenzo Peña
«Los Estudios republicanos en la 68 Feria del Libro de Madrid»
Cuadernos Republicanos
Nº 70
Madrid: primavera-verano 2009
Pp. 263-9
ISSN 1131-7744
LOS ESTUDIOS REPUBLICANOS EN LA 68 FERIA DEL
LIBRO DE MADRID
por Lorenzo Peña
«Los Estudios republicanos en la 68 Feria del Libro de Madrid»
Cuadernos Republicanos
Nº 70
Madrid: primavera-verano 2009
Pp. 263-9
ISSN 1131-7744
LOS ESTUDIOS REPUBLICANOS EN LA 68 FERIA DEL
LIBRO DE MADRID
por Lorenzo Peña
JuriLog (Grupo de Estudios Lógico-Jurídicos), CSIC-CCHS. Madrid
Por un favor de la Fortuna, la reciente publicación de mi libro Estudios
republicanos (de la Editorial Plaza y Valdés, www.plazayvaldes.es) coincide con la 68
edición de la Feria del libro de Madrid (2009), conteniendo mi libro una defensa de la
Constitución republicana de 1931 y del ideal de una República de Trabajadores
—simbolizado por la bandera tricolor—, al paso que la Feria tiene una evocación y una
resonancia netamente republicanas.
En efecto: la primera edición de la Feria tuvo lugar el domingo 23 de abril de
1933, siendo inaugurada por el Presidente del Consejo de Ministros, D. Manuel Azaña,
en compañía del Ministro de Instrucción Pública, D. Fernando de los Ríos (una de las
figuras clave en la preparación doctrinal de la Constitución de la II República del 9 de
diciembre de 1931, de cuyas aportaciones se trata con cierto detalle en el capítulo 2º de
mi libro).
En la primavera de 1933 el ambiente era, a la vez que de enorme expectativa y
euforia republicana en España, también de tensa preocupación por la crisis económica
y, sobre todo, por la llegada al poder de Adolfo Hitler exactamente 12 semanas antes.
Simultáneamente el Imperio Japonés acababa de iniciar su agresión contra China. La
amenaza hitleriana suscitó una fuerte movilización de la intelectualidad española. El 11
de junio (mes y medio después de clausurarse la Feria), Miguel de Unamuno, Luis
Recaséns Siches y Luis Jiménez de Asúa firmarán un manifiesto para la formación de
un comité de intelectuales conscientes que ayude a las víctimas del terror nazi.
La República no contaba a la sazón entre nosotros más que dos años y nueve
días. Se vivía un clima de reformas progresistas, de avances en muy diversos campos:
emancipación de la mujer, leyes laborales, reforma agraria, modernización del derecho
de familia, escolarización, promoción y difusión de la cultura, disminución del aparato
militar, secularización de la vida pública, enorme creatividad intelectual, un nuevo
apogeo de las letras españolas, un elevado debate político-jurídico, un renacimiento
académico, un inicio de recuperación económica, un recobrado prestigio internacional
gracias a la Constitución pacifista e internacionalista promulgada hacía 16 meses —en ese
momento la mejor del mundo. (Los principios pacifistas incorporados a la nueva
Constitución española tuvieron que ser defendidos en el foro de la Sociedad de Naciones
frente a la recién mencionada agresión nipona.)
Lamentablemente no faltaban nubarrones en el horizonte, y no sólo por lo que
sucedía en el extremo oriente y en Europa central. El 11 de enero habían tenido lugar
los luctuosos acontecimientos de Casas Viejas. Y es que las reformas republicanas no
Lorenzo Peña, «Los Estudios republicanos en la 68 Feria del Libro de Madrid». ISSN 1131-7744 2
bastaban a solucionar la crisis, estallando el descontento de un amplio sector de masas
obreras, que sería explotado por los nostálgicos de la monarquía en el otoño: creación
de la Falange el 29 de octubre y avances de la fuerza criptomonárquica CEDA en las
elecciones del 19 de noviembre.
Pero en la primavera todo eso parecía aún improbable. El 24 de febrero las
Cortes habían ratificado su confianza al Gobierno por 173 votos contra 130. Las
reformas y los avances sociales continuaban. Y proseguía, en particular, la política de
promoción cultural. Si en 1930 la monarquía borbónica había destinado a la compra de
libros una suma de poco más de 40.000 pesetas, la República, en 1933, multiplicará esa
partida presupuestaria en 42 veces, alcanzando 1.690.000 pesetas. Entre 1932 y fines de
1933 se crearon tres mil bibliotecas estatales en sendos municipios, según el Plan del
Patronato de Misiones Pedagógicas.
Hay que añadir las bibliotecas circulantes, puestas en marcha por iniciativa de
Fernando de los Ríos en 1933. En camiones y autobuses llevaban el libro a pueblos y
aldeas, junto con una instalación radiofónica móvil, altavoces, micrófono, gramófono,
proyector de películas, alimentado por un generador eléctrico conectado al motor del
vehículo. El despliegue de libros se hacía izando la bandera tricolor al son del Himno
de Riego. Eran ferias ambulantes donde amplias masas campesinas y jornaleras tuvieron
por vez primera ocasión de comprar libros.
También se auspició desde el gobierno de la República al Sindicato Exportador
del Libro Español. Y, como compendio de esa política, se inauguró la I Feria del Libro
a fines de abril.1
La de 1933 era una edición aún modesta, con sólo veinte casetas de otras tantas
editoriales madrileñas:2 Fénix, Sociedad Bíblica, Espasa-Calpe, Plus Ultra, Sociedad
General de Librería, Manuel Aguilar, Biblioteca Nueva, Cenit, Biblioteca Atenea,
Saturnino Calleja, Dédalo, Pueyo, Viuda de Bergua, Revista de Occidente y alguna
más.3 Se clausurará el sábado 29 de abril de 1933. El Ministro Fernando de los Ríos
1. La Feria del Libro madrileña tenía un precedente en las fiestas del libro, inauguradas en 1926, por iniciativa de la Cámara
del Libro de Barcelona. Tales fiestas, o semanas, no llegaron a revestir carácter ferial, no eran mercados, careciendo de un
recinto donde se congregaran los profesionales del libro y donde concurrieran los lectores. Las Cámaras oficiales del Libro
habían sido creadas: en 1918 la de Barcelona y en 1922 la de Madrid. Eran corporaciones de derecho público, cuerpos
consultivos del Estado encargados de desarrollar la industria editorial y el comercio librero, según el modelo de las Cámaras
de Industria y Comercio. Téngase presente que hasta la ley liberal de 1887 no estaba permitido crear asociaciones sin ánimo
de lucro (según lo examino en mi libro Estudios republicanos, en el capítulo 8), por lo cual las primeras agrupaciones gremiales
del mundo de la publicación sólo pudieron empezar a constituirse en las postrimerías del siglo XIX y a comienzos del XX.
2. La convocatoria de la Feria del Libro tuvo que superar previamente la oposición de los libreros, que, desde la reforma del
Reglamento de la Cámara en junio de 1932, tenían mayoría en la misma. Los libreros defendían un tipo de negocio tradicional,
luchando contra las novedades como la venta de libros en quioscos y, por descontado, la venta directa al público por los
editores. Organizar un mercado de venta con puestos en la vía pública les parecía degradar o vulgarizar la venta de libros,
convertidos en artículos de feria o baratija a disposición de cualquier transeúnte. Eran fuertes y a veces agrias las desavenencias
entre los dos sectores, el industrial y el comercial.
3. Si únicamente participaron esas 20 editoriales y ninguna otra es porque sólo un grupo de editores se había decidido a
lanzarse a la organización, ya que la idea la había propuesto en marzo de 1933 (unas semanas antes) un profesor de la Escuela
de Librería. Los libreros se opusieron, naturalmente, pero la mayoría de los editores tampoco estuvieron por la labor. Lo más
Lorenzo Peña, «Los Estudios republicanos en la 68 Feria del Libro de Madrid». ISSN 1131-7744 3
saludó con alegría ese acontecimiento cultural invitando a los madrileños a acudir a la
Feria y a empaparse de los valores de las publicaciones.
Para dar realce a la Feria,4 se organizó todo un ciclo de actividades en la capital
de la República. Hubo conciertos y pronunciaron conferencias Ramón J. Sender y otros
escritores. El lunes 24 tuvo lugar un festival en el Teatro Español al que asisiteron el
Presidente de la República, D. Niceto Alcalá-Zamora y Torres, el Ministro de Justicia
y el Secretario General de la Presidencia de la República, Rafael Sánchez Guerra.5
También asistieron al festival representaciones del Cuerpo Diplomático, Junta Directiva
de la Cámara, Comisión Organizadora y numerosos escritores, periodistas, editores y
público en general; en él recitáronse poesías, diose lectura a un fragmento de La
Gitanilla de Miguel de Cervantes y se representó Un pregón de Sevilla, entremés de los
hermanos Álvarez Quintero. Asimismo se proyectó una película sobre la exposición del
libro español en Buenos Aires.
La Feria alcanzó un gran éxito de público y de ventas.6 «Durante toda la
semana la Feria ha estado concurridísima. Desde muy de mañana hasta el momento de
cerrar los puestos se veían constantemente asediados por el público hasta el extremo que
resultaba muy difícil aproximarse a ellos. Todo Madrid, en una pequeña peregrinación
cultural, ha desfilado por el Paseo de Recoletos».7 El gran significado de la Feria es que
puso el libro al alcance de las masas laboriosas —haciendo honor al carácter del Estado
proclamado en la Constitución de 1931 como una República de Trabajadores. En aquella
época los obreros y empleados modestos no entraban en las librerías, cuya clientela
estaba formada por maestros, estudiantes, intelectuales. La Luz del 24 de abril decía: «…
el pueblo no entra a las librerías. Por su aspecto y por su tradición, las librerías tienen
algo de recinto sacro, para iniciados solamente. Por eso la República debería invitar al
libro a salir a la calle con frecuencia. Debería fomentar en el libro el espíritu golfo. Es
una de las pocas cosas que puede hacer la República sin que se enfaden mucho sus
enemigos. Ayer, por ejemplo, al inaugurarse la Feria del Libro, no cerraron sus balcones
que se consiguió es que la Cámara patrocinara la Feria, sin asumir la organización de la misma. El decidido respaldo
gubernamental es lo que permitió conseguir un éxito sin el cual no habría habido una II Feria.
4. Aunque no tenía carácter gubernamental, al estar patrocinada por la Cámara Oficial del Libro; de hecho fue organizada por
los veinte editores voluntarios que asumieron el riesgo. La Cámara adelantó los fondos de instalación. A reembolsar ese adelanto
se destinó el 30% de la recaudación.
5. Rafael Sánchez-Guerra (hijo de quien fuera primer ministro conservador, D. José Sánchez Guerra) será más tarde presidente
del Madrid C.F. Tras ser cautivado por Franco en marzo de 1939, y encerrado durante 26 meses en las mazmorras del régimen
totalitario, se escapará a Francia, siendo nombrado en 1946 ministro de la República en el exilio bajo la presidencia de José
Giral. Morirá como hermano lego en un convento de frailes dominicos.
6. Las ventas fueron de 43.399 pesetas. Los editores participantes obtuvieron beneficios, aunque el principal beneficiado fue
un público popular que así descubrió el libro y empezó a leer.
7. V. Martínez Rus, p.226, quien cita un artículo publicado en abril de 1933.
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los palacios de Recoletos y la Castellana. Y bien sabe Dios que ésta era una fiesta
bastante más republicana que la parada militar de hace unos días».8
Las Ferias de 1934,9 35 y 36 experimentaron avances y retrocesos, en medio
de las dificultades de la crisis económica internacional y de las vicisitudes políticas.10
La Compañía de Tranvías de Madrid contribuyó a la publicidad de la Feria, anunciándola
en el reverso de los billetes y en los laterales de los vehículos. En 1935 se contó con la
presencia de Gabriela Mistral, quien habló sobre la pasión de leer (la III edición estaba
dedicada a Lope de Vega, representándose —en un tablado al aire libre, en la Plaza de
Colón— El acero de Madrid de Lope y el Retablo de San Cristóbal de García Lorca).
Para Gustavo Gili la feria del libro «ha de llegar a ser la fiesta republicana por
excelencia, la gran fiesta cultural del pueblo madrileño, que atraiga a todos los españoles,
que sustituya noblemente a las tradicionales fiestas de San isidro».11 ¡Quién lo viera!
En la última edición republicana, la del 24 de mayo al 2 de junio de 1936, hubo
un día dedicado al obrero y Margarita Nelken habló sobre el libro en la Unión de
Repúblicas Soviéticas.12
Todos esos recuerdos vienen bien para situar en su contexto la defensa que se
hace en mi libro de la memoria republicana como elemento de la conciencia nacional,
en el capítulo 4, del cual cito este párrafo para concluir:
La memoria histórica no es memoria de fusilamientos, torturas, campos de concentración,
cárceles, memoria del hambre, de las penalidades, de las víctimas, de los
llantos, de las crueldades padecidas.[…] Todos esos hechos forman parte del pasado
y hay que ser consciente de ellos, pero de mucho más relieve es el recuerdo de lo
bueno: el de una República de trabajadores que se organiza en régimen de libertad
y justicia, que renuncia a la guerra y reconoce el derecho de emigración e
inmigración; el del voto femenino y la igualdad de derechos de la mujer en todas las
esferas de la vida (en el mundo de entonces, tremendamente falocrático); el de la
reforma agraria y demás avances progresivos; el de los derechos sociales y laborales;
el de los avances educativos; el de una exuberante producción intelectual de nuestros
8. Tomo la cita del artículo de Martínez Rus, p. 226. Lamentablemente no es verdad que la oligarquía financiera y terrateniente
no se opusiera a la difusión del libro. No se atrevía a mostrar su desagrado abiertamente. Derrotada la República en 1939, no
se volvieron a organizar Ferias del Libro hasta que, en 1944 (después de Stalingrado, del desembarco en Sicilia y de la caída
de Mussolini), era ya seguro el triunfo de los Aliados en la II guerra mundial. La Feria de 1944 respondería a un intento de
revocación de fachada del régimen totalitario.
9. En la II Feria, la de 1934, participaron por primera vez algunos libreros —concretamente nueve— así como editores que no
habían tomado parte en la de 1933, como la JAE (el actual CSIC), Dalmau Carles, Gili, Salvat, la Biblioteca Nacional y el
Patronato Nacional de Turismo. Se celebró del 6 al 16 de mayo. Los libreros, en vez de practicar un descuento del 10%, ofrecían
un libro de regalo. Había en total 40 casetas que se alineaban desde la Cibeles hasta la Biblioteca Nacional. Las ventas fueron
de 213.396 pesetas.
10. La III Feria, la de 1935, estuvo organizada por la Agrupación de Editores Españoles recién creada y de vida efímera.
11. V. Martínez Rus, p. 230.
12. La Feria de 1936, con la mayoría parlamentaria del Frente Popular, fue directamente organizada por las autoridades para
superar las fricciones entre libreros y editores. Pero, tal vez peor organizada, tuvo menos éxito. Esa Feria fue la primera en que
se editó un plano de las casetas y un índice correlativo de autores y materias.
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poetas, juristas, científicos, filósofos, oradores y dramaturgos; el de nuestros titanes
que —derrochando prodigios de heroísmo, de iniciativa, de inteligencia, de capacidad
organizativa— levantaron de la nada un formidable ejército popular que preservó tres
años más, en una parte del territorio nacional, unas instituciones republicanas, aunque
ya maltrechas; el de un Estado republicano cuyo presidente —en medio de tan cruenta
guerra fratricida— formula como programa el de las tres «Ps»: paz, piedad y perdón;
el de un pueblo que atrajo la solidaridad de millones de trabajadores del mundo y de
intelectuales de muy diversas ideologías, de Aragon a Bernanos y Maritain; el que
inspiró, con su gesta, tantas obras de arte (poemas, películas, cuadros, canciones); el
que resistió ya vencido y transmitió la evocación de sus anhelos, de sus desengaños,
de sus amarguras sin desesperanza, de sus ilusiones; el de los guerrilleros que
trataron en vano de mantener viva la llamarada de una lucha perdida; el de los
militantes indoblegables que quisieron seguir luchando contra los molinos de viento.
No la España de las plañideras, del luto, del viernes santo, de las sepulturas, sino la
España de la rabia y de la idea, la que saca recursos de donde no parecía haberlos,
la que es genial en la desdicha, la que no renuncia a grandes ideales, a grandes
valores.
Bibliografía
— Fernando Cendán Pazos, Historia de la Feria del Libro de Madrid (1933-1986),
Madrid: Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid, 1987.
— José Esteban, El Madrid de la República, Madrid: Silex, 2000 (pp. 84-8).
— Ana Martínez Rus, «La política del libro y las ferias del libro de Madrid (1901-
1936)», Cuadernos de Historia contemporánea nº 25 (2003), pp. 217-234.
— Gonzalo Santonja, La República de los libros: El nuevo libro popular de la Segunda
República, Barcelona: Anthropos, 1989.

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